Explosión de 1953

Noche del 31 de diciembre, noche de Año Nuevo, última noche de diciembre, fragante primavera, resonante de alegría contagiosa, de sana alegría que se desborda en cantos, en risas, en música, en frases cariñosas, amables. Todo invita al festejo; es la noche de los buenos augurios, en que se abren los corazones ansiosos de sinceridad, para brindar anhelos de mejor suerte al hombre en su destino. La ciudad está de fiesta. Luces de bengala, petardos, cohetes, fuegos de artificio multicolores, trompetas, chicharras, sirenas, todo se une en un grandioso concierto de luces, que llegan a su máximo de intensidad en el instante mismo en que se termina el año y da comienzo a la hora cero.

¡FELIZ AÑO NUEVO! Es la frase mil veces repetida al infinito.

Ahora las sirenas no son las mismas de antes; ahora son las que indican un siniestro, llamando a los Bomberos al cumplimiento del deber que ellos mismos se han impuesto. Eran las 02:10 hrs. Se quemaban los castillos de madera de la barraca Schulze de Avenida Brasil 2069, que comenzaban a arder tal vez debido a la caída de algunos de los millares de fuegos de artificio con que aquella noche fue recibido el año, que a pocas horas iba a pasar a la historia como fecha de tristeza para los porteños. Las llamas tomaron en corto tiempo gran incremento y cuando ya se creía dominado el incendio, el fuego que había avanzado hacia el interior de la barraca permitió la inflamación de materiales depositados en los patios y bodegas del departamento de caminos, que tenía su almacén a los pies de la barraca y con entrada por calle Blanco 2064.

Ahí, a espaldas de las autoridades habían sido depositadas varias toneladas de dinamita, 20 cajones de pólvora, fulminantes, tambores de petróleo, parafina y bencina. La presencia de los explosivos no fue advertida en ningún momento, razón por la cual esta falta de conciencia y negligencia criminal de los cuidadores del depósito engañó a los jefes bomberiles quienes no tomaron las precauciones debidas ante el peligro ignorado, entregándose de lleno los Bomberos porteños de las diversas Compañías a circunscribir la acción del voraz incendio.

Por tal razón al quemarse la pólvora y hacer explosión la dinamita allí depositada, se produjo la gran catástrofe que está aún fresca en la mente de los Bomberos del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso.

Eran las 03:04 hrs. del 1º de enero de 1953, cuando ocurrió la tragedia que sumió en el dolor a centenares de familias de la ciudad al perecer en ella alrededor de 50 personas y quedar heridas numerosas otras cuyo número fue calculado en aproximadamente 350, de las cuales varias eran de suma gravedad.

Treinta y seis mártires del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso duermen definitivamente en el umbral de la eternidad. Camaradas del ideal, de la abnegación y el desinterés, los que murieron en esa madrugada.

Y arriba, más allá de las nubes, por encima de todo, y más allá de la nada, las sirenas de la gloria pusieron en actitud de alerta a los mártires que partieron antes, para recibir con el silencio majestuoso de la muerte la llegada de esa nueva legión.

Fue amarga y triste la partida repentina en la madrugada del nuevo año: para la esposa que recibió el beso precipitado de un “¡Hasta luego!” que se hizo eterno; para el hijo que sintió fugazmente la mano paterna en la cabecita dormida, como un aleteo de cariño y amor; para la madre anciana que escuchó el rápido alejamiento de esos pasos que corrían hacia la noche sin aurora.

Incinerados sus cuerpos, carbonizadas sus ropas de labor, desdibujadas sus facciones por el zarpazo ardiente del enemigo tradicional, han hecho florecer en los labios calcinados una sonrisa de orgulloso desdén para enfrentarse con el más allá. Murieron físicamente como bravos; cayeron en su ley, abatieron sus envolturas materiales proclamando el ideal que desbordó sus existencias. Ahora descansan.

10 de esos bravos eran de la Décima Compañía:

Teniente 1° René Carmona

Uniformes Mártires

Uniformes Mártires

Teniente 2° Juan Contreras

Bombero Jaime Rojas Rojas

Bombero Carlos Figueroa Pinilla

Bombero Carlos López González

Bombero Julio Gallegher Maureira

Bombero Jorge Rubio Ramirez

Bombero Luis Pinto Gomez

Bombero Jorge Candia Perez

Bombero Honorario Gustavo Covarrubias Diaz

El Presidente de la República, Excmo. Señor Carlos Ibañez del Campo arribó al puerto de Valparaíso quien se impuso, en el terreno mismo, de la magnitud de la tragedia. Acudió también acompañado del Alcalde de Viña del Mar, Señor WIadimir Hüber y del Director del Hospital Carlos Van Buren, Doctor Raúl Palma, a ese establecimiento para visitar a los heridos de la catástrofe, ya que allí quedó la mayoría de ellos.

Concurrieron a los funerales el Presidente de la República y sus Ministros de Obras Públicas, de Hacienda, Interior, Educación y Justicia. A nombre del Gobierno, que decretó duelo nacional por tres días, el Ministro del Interior, Señor Guillermo del Pedregal, despidió los restos. Tanto la 8ª como la 10ª Compañías colocaron una placa, como homenaje respectivamente, en la calle Blanco con Avda. Brasil, a fin de recordar a la ciudadanía el sacrificio de los 36 voluntarios que dan honor al Cuerpo de Bomberos y gloria a sus Compañías.

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